martes, 25 de marzo de 2008

No hay

No hay carne.
No hay lácteos.
No hay aceite.
No hay café.
No hay problemas de inseguridad.
No hay ganas de trabajar.
No hay valores.
No hay principios.
No hay ganas de leer.
No hay inflación.
No hay corrupción.
No hay ganas de aprender.
No hay suficiente educación.
No hay escuelas suficientes.
No hay baches en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
No hay oportunismo.
No hay exitismo.
No hay anorexia.
No hay obesidad.
No hay violencia.
No hay acomodo.
No hay segundas intenciones.
No hay políticos.
No hay subjetividades.
No hay oportunidades para todos por igual.
No hay hombres.
No hay onda.
No hay mujeres.
No hay química.
No hay compromiso.
No hay oferta de alquileres.
No hay créditos para la vivienda.
No hay buenos modales.
No hay autos truchos.
No hay mala fe.
No hay discriminación.
No hay conciencia sobre lo efímera que es la vida.
No hay debate.
No hay acoso en escuelas o lugares de trabajo.
No hay límite de gastos.
No hay crédito en el celular.
No hay médicos ni docentes mal pagos.
No hay depresión.
No hay censura.
No hay indiferencia.
No hay tolerancia.
No hay falta de voluntad.
No hay casos policiales sin resolver.
No hay miedo.
No hay turnos disponibles.
No hay maltrato.
No hay soledad.
Ay!
Foto:
The Persistence of Memory
Salvador Dalí, 1931, oil on canvas, 24 × 33 cm, 9.4 × 13 in Museum of Modern Art, New York City

2 comentarios:

Mariela dijo...

No hay plata (o si, pero es para gastar en otra cosa)

Javier Menéndez Llamazares dijo...

¡Eh, qué bueno! Parece un poema de Carlos Edmundo de Ory.
Genial.